¿Qué tienen en común los terremotos de Chile, Perú, Haiti y El Salvador?

Lima, 28 de febrero de 2010

Nadie puede saber dónde, ni en que momento se producirá el próximo terremoto. Lo que si podemos saber es que es muy probable que en algún momento ocurra en el Perú. Me aventuraría a decir que es muy probable que ocurra al sur de nuestro país, tal como lo demuestran las estadísticas. El problema, es qué tan preparados estamos para afrontar un sismo de gran intensidad.


Personalmente, he presenciado 3 graves terremotos. En Arequipa el 23 de junio del 2001. En Pisco, el 15 de agosto del 2007. En El Salvador, Centroamérica, en enero del 2001. Asimismo, estuve y estoy pendiente de los terremotos de Haiti y de Chile por el cable y por Internet, principalmente Twitter; lo que me permite concluir que –de repente a algunos les parece lógica esta conclusión- que hay muchos, tal vez demasiados, hechos en común.

El punto más importante es que mayormente las más afectadas son las construcciones antiguas y de construcción muy precaria. En el terremoto de Arequipa, la ciudad más devastada fue Moquegua y su zona histórica, con sus construcciones de adobe. En El Salvador, la capital estaba intacta; pero la zona del epicentro, con construcciones precarias, quedó bastante destruida. En Pisco, se destruyó casi todo, casas de adobe y edificios de concreto. Lo mismo en Haiti. Sin embargo, en Chile, el terremoto habría sido mucho más grave, afectando casi todo el país, incluyendo la capital, tal como lo demuestran las imágenes que recibimos de allá.

Ningún habitante, o muy pocos, han estado preparados adecuadamente. El lógico miedo y el no saber que hacer, por dónde salir, ha provocado más muertes que el mismo sismo. El hecho es que nadie toma en serio los simulacros.

Inmediatamente después del terremoto, lo lógico es que se corten los servicios de agua, luz, desague y servicios telefónicos. Eso puede durar como mínimo dos días. Pero, en dos días, todos los servicios –básicamente de desague- se pueden convulsionar. Eso ocurrió en Pisco.

Dado que nadie ha estado preparado, a los dos días – en Chile ha sido casi inmediato- ya no hay comida. El hambre extrae de los hombres sus actitudes más tribales, degenerando en saqueos. Claro, eso es cuando hay dónde saquear. Nuevamente recuerdo Pisco, y siento mi impotencia al ver a los niños en la carretera Panamericana pidiendo comida a los automovilistas que pasaban.

El miedo posterior al terremoto también es una constante. Si uno recorre las ciudades, casi la totalidad de la población afectada prefiere dormir en la puerta de su casa, si es que no tiene a donde ir o si tiene miedo que les roben lo poco que les queda.

También, hay un lógico temor a las replicas que siempre se producen. Estas replicas van a durar varias semanas. Los primeros días van a ser continuas y luego se van a ir espaciando. Recordemos que en Ica aún ahora se están produciendo leves movimientos sísmicos. Claro que ningún especialista va a decir que son replicas. Indican que son otros sismos aislados del terremoto original.

El tsunami, oleaje, marejada o como quieran llamarlo es una consecuencia permanente. En Chile, ha ocurrido en Talcahuano, donde los botes fueron varados hasta las plazas públicas. En Pisco, muchos botes y lanchas fueron desplazados a tierra en San Andrés. Lo mismo, aunque en menor intensidad, ocurrió en la zona costera de Arequipa.

La reconstrucción va a ser otro grave problema. Veremos como pueden avanzar los chilenos es eso. La tarea, la gran tarea, le debe corresponder al nuevo Gobierno de Piñera.

Lo que, finalmente, deseo destacar es la importancia de Twitter, como eficaz medio de comunicación. Todos nos enteramos primero del terremoto de Haiti por este medio. Ahora, quienes sintonizan la televisión chilena escuchan a cada momento que los reporteros twitteros son sus mejores informantes.

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