Lima, 3 de abril de 2010
La creencia en la existencia de Dios es algo muy personal y depende de nuestras propias experiencias, de nuestra fe. La fe es personal, pero se alimenta y se fortalece comunitariamente. Esto es similar para todas las religiones, de la católica a la cristiana, de la musulmana a la budista y a la judía.
Dios puede tener diferentes nombres, pero existe para la mayoría de personas, sean de la religión que sean, quienes tienen fe en la existencia de un ser superior, todopoderoso y omnipresente. Por otro lado, también existen personas que ponen en cuestión esta creencia.
Al respecto, el filósofo Renato Descartes, en el “Discurso del método”, realizó un interesante análisis sobre la existencia de Dios.
Relaciona la creencia en Dios con algo tan científicamente racional como las matemáticas. Nadie duda, ni cuestiona que la suma 1 + 1 es igual a 2; sin embargo, ese resultado es un convencionalismo, un acuerdo científico. Los números y las matemáticas han sido creados por el hombre para cuantificar sus propiedades y sus ingresos. No existían en la naturaleza.
Por lo tanto, si el demostrar la existencia de Dios fuese tan simple y supuestamente racional como demostrar que 1+1=2 todos deberíamos creer en él, nadie pondría en duda su existencia y la fe no sería necesaria.
La fe es definida como una creencia que adopta el carácter de verdadera aún sin ser comprobada. La fe en la existencia de Dios no se adquiere necesariamente sólo por leer un libro. Es precisamente allí donde radica su poder. La cuestión es cómo se adquiere y se consolida.
Muchos, o casi todos, desde niños hemos sido educados para creer en Dios. Algunos, de jóvenes, al ingresar a la universidad y adquirir “mayor conocimiento racional” nos hemos vuelto agnósticos. Posteriormente, por diversas razones hemos retomado la creencia. Pero, esta vez lo hemos hecho por propia voluntad.
Si la pregunta es cómo se adquiere la fe. La respuesta es múltiple. Cada quien la adquiere en diferentes momentos y bajo diferentes circunstancias personales. Lo importante es que lo adquiera por voluntad propia. Aquí, me parece que está la importancia de una fe mucho más sólida, poderosa y, en cierto modo, racional.
A ello se debe agregar que la solidez y la consolidación de la fe son obtenidas en comunidad, en grupo, intercambiando experiencias y testimonios con otros. La vida en comunidad marca el inicio de todas las religiones. Desde las reuniones en las catacumbas de los antiguos cristianos hasta las reuniones comunitarias actuales.
La creencia en la existencia de Dios es algo muy personal y depende de nuestras propias experiencias, de nuestra fe. La fe es personal, pero se alimenta y se fortalece comunitariamente. Esto es similar para todas las religiones, de la católica a la cristiana, de la musulmana a la budista y a la judía.
Dios puede tener diferentes nombres, pero existe para la mayoría de personas, sean de la religión que sean, quienes tienen fe en la existencia de un ser superior, todopoderoso y omnipresente. Por otro lado, también existen personas que ponen en cuestión esta creencia.
Al respecto, el filósofo Renato Descartes, en el “Discurso del método”, realizó un interesante análisis sobre la existencia de Dios.
Relaciona la creencia en Dios con algo tan científicamente racional como las matemáticas. Nadie duda, ni cuestiona que la suma 1 + 1 es igual a 2; sin embargo, ese resultado es un convencionalismo, un acuerdo científico. Los números y las matemáticas han sido creados por el hombre para cuantificar sus propiedades y sus ingresos. No existían en la naturaleza.
Por lo tanto, si el demostrar la existencia de Dios fuese tan simple y supuestamente racional como demostrar que 1+1=2 todos deberíamos creer en él, nadie pondría en duda su existencia y la fe no sería necesaria.
La fe es definida como una creencia que adopta el carácter de verdadera aún sin ser comprobada. La fe en la existencia de Dios no se adquiere necesariamente sólo por leer un libro. Es precisamente allí donde radica su poder. La cuestión es cómo se adquiere y se consolida.
Muchos, o casi todos, desde niños hemos sido educados para creer en Dios. Algunos, de jóvenes, al ingresar a la universidad y adquirir “mayor conocimiento racional” nos hemos vuelto agnósticos. Posteriormente, por diversas razones hemos retomado la creencia. Pero, esta vez lo hemos hecho por propia voluntad.
Si la pregunta es cómo se adquiere la fe. La respuesta es múltiple. Cada quien la adquiere en diferentes momentos y bajo diferentes circunstancias personales. Lo importante es que lo adquiera por voluntad propia. Aquí, me parece que está la importancia de una fe mucho más sólida, poderosa y, en cierto modo, racional.
A ello se debe agregar que la solidez y la consolidación de la fe son obtenidas en comunidad, en grupo, intercambiando experiencias y testimonios con otros. La vida en comunidad marca el inicio de todas las religiones. Desde las reuniones en las catacumbas de los antiguos cristianos hasta las reuniones comunitarias actuales.
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